jueves, 14 de abril de 2011 Hechizo de la carroza (cuento largo)

Acto 1: Puesta en escena

Esta es una vieja historia de muerte, odio y traición. Pero no es como cualquier historia de muerte, esta se sustenta ante el juicio de diversos personajes para seguir adelante juzgando cada muerte, pasos fallidos y la desconfianza entre tales. Esta historia contada por mis abuelas se remonta a la era victoria, en Inglaterra situada en la parte más burguesa y rica, para ser exactos, ahí donde los secretos quedan sujetos a las manecillas del reloj de pie.
Era una noche fría de lluvia inestable, a veces diluviaba o simplemente paraba súbitamente, pero parecía no mejorar las circunstancias de ese día. Aquel día iba a ver una gran reunión entre viejos amigos o mejor dicho entre "buenos" amigos. Había apenas movimiento y ruido en las calles que solían vagar algún borracho empedernido entre los callejones. Pero ese día estaba todo demasiado antinatural, no solo por el clima inusual, también por la extraña escena lúgubre de la entrada de una lujosa casa que solía siempre transmitir paz en el ambiente. Pero ese día era muy raro, la hermosa casa llena de rosas hoy no transmitía más que una extraña aura oscura. Había pétalos rojo sangre desparramados por doquier, una lluvia incesante que hacía aun más deprimente la escena, un acto abandonado por la humanidad. En ese lugar había un silencio aplastante y extrañamente peculiar, pero lo más característico de ese día fue la ruptura de ese silencio siniestro.
Por un momento se empezaron a escuchar viejas carrozas pasar por las calles adoquinadas, un transporte con un cierto ruido mortuorio. Se escuchaba cada tanto el repiqueteo rítmico de las ruedas de madera con las piedras, por un momento se podría decir que no eran más de 3 coches que estaban llegando por la calle, pero sería incorrecto asegurarlo ya que inmediatamente más de cinco carruajes llegaron a su punto de encuentro, aquella tenebrosa mansión.
Si uno miraba todas las carrozas que habían llegado seguramente estarían pensando que algo importante lo que pasaba, seguramente estaría en lo correcto, ese día todos aquellos coches se reunían debido a una causa aun más tenebrosa que la fachada de aquella casona. Ese día se celebraba un funeral del dueño de aquella propiedad, aunque ese día solo asistían sus amigos más cercanos e íntimos para hablar del difunto.
Como si se tratase de una vieja obra de teatro muy bien sincronizada se abrieron las puertas de las carrozas dejando mostrar los personajes principales de esta historia. Aunque pareciera raro no eran más que dos hombres y cinco mujeres que estaban por entrar a escena. Todos tenían aspecto a jóvenes con un gran futuro a por venir, pero aquella noche se decidiría muchas cosas, más que la misma vida para ellos. Todos ellos figuraban en el testamento del difunto pero solo unos pocos se podría quedar con su basta fortuna, para ser exactos no iban a ser más de tres personas. Para eso deberían pasar hasta el amanecer en esa casa encerrados y sin escape de la propiedad que decía estar asechada por un asesino serial, aunque esto no les afectaba para nada a los jóvenes que estaban ingresando a aquella propiedad aquel día, después de todo podían llamar por teléfono a las autoridades o trepar la enorme verja y escapar, para ellos su menor preocupación eran viejas leyendas urbanas.
Inmediatamente las puertas de las carrozas se cerraron y dejaron a fuera sus pasajeros que estaban totalmente vestidos de negro y con un paraguas en la mano. Cada uno atravesó la verja de hierro y entró a la propiedad inmediatamente un abogado cerró las puertas detrás de estos así podía cumplirse el trato. Ellos ni se inmutaron y continuamente entraron al horrendo lugar como si se tratase de una marcha fúnebre.

Acto 2: Primera escena

Inmediatamente adentro los jóvenes dejaron sus abrigos encima de un perchero y sus paraguas en el lugar adecuado, se sentaron al rededor de una mesa redonda de la cocina y se miraron entre ellos, no eran más que unos niños que les gustaba jugar con fuego.
Cada uno tomo un asiento al lado de las personas con las cuales les tocó estar, después de todo eran un grupo demasiado grande como para llevarse bien entre ellos en su totalidad.
Ahí estaban desde el "medio" a derecha:

Mercedes, era la hija de una pequeña familia que producía bienes textiles, increíblemente su familia había crecido económicamente demasiado en el último tiempo, pero aun le faltaba para ganar a su competencia.
Dorothy, era la mejor amiga de toda una vida de Mercedes, se conocían desde que tenían 3 años de edad. Ella pertenecía a una familia de manufactura metalúrgica que estaba recaudando cada vez más y más. Pero ella era una persona un poco más ambiciosa y quería abrir su propia empresa textil, cosa que no le era de desagrado a Mercedes ya que no quería tener más competencia. También fue amante de Federico durante un tiempo, pero las cosas no funcionaron y rápidamente se separaron.
Federico, el amor imposible de Mercedes y el eterno enamorado de Antonieta. Era dueño de una gran cadenas de bancos, y aunque tenía todo el dinero del mundo no podía tener el amor de Antonieta.
Antonieta, simplemente la chica más codiciada por el grupo de chicos y el amor imposible de Federico. Ella era parte de una familia de la nobleza y era una persona muy apreciada por su querida cuasi hermana Dorothy. Aunque sus problemas no eran económicos ella quería las tierras del difunto para expandir sus campos.
Rosa, prima hermana de Mercedes. Ella amaba con todo su alma a Mercedes que era casi como su hermana y Mercedes a ella, aunque odiaba a Mortimer por enamorarse de ella y no confiaba para nada en Dorothy, tanto que llegó a advertirle a Mercedes varias veces que Dorothy la iba a terminar traicionando.
María, tal vez la persona más detestada por Mercedes y Antonieta. Su familia era parte de la corte real de Inglaterra y formaban parte del parlamento desde que se fundó, gracias a eso habían logrado amasar una gran fortuna. Pero no todo es lo que parece, su familia quería expander su poder por el mundo y necesitaban las tierras americanas del muerto.
Manuel, amigo de la infancia de Dorothy y de Mercedes. Simplemente era una persona muy sociable en un mundo en el cual detestaba. Era un joven enfermizo que vivía viajando al exterior para mejorar su salud.
Dionisia, prima hermana de Manuel. Ella usualmente no coincidía con los ideales de Mercedes, por lo que tendían a ignorarse. A diferencia de su primo gozaba de una excelente salud. Aunque era "respetada" por el mundo de la burguesía, pero siempre salía a cada mes un nuevo "rumor" sobre ella.
Pero aun falta un último personaje, aquel que estaba adentro del cajón y rodeados de flores en la sala de estar. El muerto, mejor conocido como Mortimer, amigo cercano de Federico, Manuel y Mercedes y odiado por el resto del grupo. Era un gran empresario que solía hacer buenos negocios con bajos costos, por lo que había amasado una gran fortuna en un abrir y cerrar de ojos. A pesar de todo, no pudo conseguir el amor ni el cariño de Antonieta ni mucho menos de Rosa a la cual le había propuesto casamiento un par de veces.
Las cosas estaban extrañas en el ambiente, en especial porque muchos se negaban a acercarse al muerto. Mercedes pasó su mirada hacia los presentes y suspiró. Sabia que nadie se iba a animar a moverse si ella no lo hacía primero. Caminó arrastrando el tul de su fino vestido negro y se dirigió silenciosamente hacia la sala de estar moviéndose como una doncella según las costumbres de la alta sociedad y, en parte, esperando que el resto la siguiera.
Caminó lentamente y despacio hacia donde debía, aunque no quería aceptar la muerte de Mortimer pero no tenía otra opción que aceptarla. Aunque quería que Dionisia o Rosa la acompañaran al menos hasta el lugar sabía que ellas no lo iban a hacer simplemente porque odiaban a Mortimer.
Atravesó el umbral de la sala de estar y simplemente su fortaleza característica se derrumbó en sus pies al ver la mortaja blanca que rodeaba a su amigo. Sacó del bolsillo un hermoso pañuelo blanco y simplemente se puso a llorar en silencio en una silla cercana al difunto y a la chimenea prendida y recostó su cabeza encima del cuerpo frío derramando su dolor encima de aquella persona que no parecía ser su amigo.
El resto del grupo se miró entre sí a ver que hacían, Dorothy, Dionisia, Antonieta y María se negaron rápidamente ir a ver el cadáver de aquel pestilente ser. Pero Rosa no sabía muy bien que hacer, ya que conocía casi a la perfección a Mercedes y sabía que ella tal vez le hacía falta su compañía, aunque la verdad no quería ver nunca más a Mortimer.
Manuel miró a Federico y caminó hacia la sala de estar. Continuamente Federico lo siguió apenas unos pasos más atrás y con total calma. Pero algo extraño sucedió antes de que ellos pudiesen atravesar el umbral de la puerta de la sala de estar, el reloj de pie de la cocina que no sonaba hace años dio las doce de la noche e inmediatamente se cortaron las luces quedando todo a oscuras.

Acto 3: Primera estratagema

Extraños ruidos se escucharon al rededor de cada personaje pero el más fuerte fue el que venía de la sala de estar, todos se quedaron quietos hasta que se volvió a prender la luz al cabo de dos minutos. Todos miraron a su alrededor hasta que escucharon un grito proveniente desde el lecho del difunto. Era el grito de Mercedes, todos fueron corriendo hasta ella hasta que la encontraron tirada en el piso llorando, asustada y temblando del miedo. Ella veía con horror en dirección a la chimenea que aun permanecía prendida.
Todos sus amigos casi murieron del espanto y varias de las chicas ahogaron un grito. Tan solo a unos metros de ellos ahí estaba Mortimer fuera de su cajón, para ser más exactos tirado en el piso con un puñal en la boca del estómago con una nota que decía "Empieza el juego".
Aun Mercedes permanecía al borde del colapso cuando las chicas se habían calmado y podían ayudarla.  La primera en acercársele fue Rosa con cara de preocupación al ver que Mercedes cada vez estaba más pálida y cada vez temblaba más, estaba al borde del llanto cuando Rosa la abrazó con fuerza para que se calmara.
Pero Mercedes aún seguía ahí tirada en el piso mirando con horror aquel cadáver y enredando sus dedos con su pelo tan arreglado, ella no podía darse cuenta que sus amigos estaban a su lado, su tiempo se había detenido con aquella imagen en su mente.
Ella seguía muda hasta que Rosa la abrazó, recién ahí se dio cuenta que ella estaba a salvo alrededor de los brazos de su querida prima y pudo cerrar los ojos y llorar del miedo ocultando sus lágrimas entre los pliegues de las mangas del largo vestido de su prima. Todos quedaron por un instante en silencio hasta que Dionisia abrió la boca para decir con tono de indiferencia:
-Esto no es más que una mala broma de Mercedes

Inmediatamente Rosa dejó de abrazar a Mercedes que aun estaba en el suelo y abrió la boca para objetar tal idea absurda, ya que ella sabía que nunca haría algo tal al cadáver de Mortimer.

-Ella nunca haría algo así porque…- dijo con furia Rosa pero antes que terminara Mercedes se paró temblando y con una sonrisa triste en los labios tomó a su prima de la manga del vestido y se limpió la cara con su pañuelo.
-No hay necesidad de peleas- dijo con tranquilidad y empezó a caminar hacia la salida. Inmediatamente Rosa la siguió sin protestar porque sabía que Mercedes era una persona muy tranquila que odiaba las peleas, especialmente las que se ocasionaban porque la gente que la rodeaba no la conocían.
-Mercedes siempre se cree mucho pero la verdad es que es una zorra- dijo con enojo Dionisia apenas Rosas y Mercedes se encontraban lejos de la habitación.-Yo me voy a dormir, me cansé de este estúpido teatro- Inmediatamente caminó hacia la salida y subió a la segunda planta donde estaban las habitaciones de invitados.

Se miraron el resto de los personajes entre ellos y a lo único que llegaron a hacer fue a levantar el cuerpo del piso y volver las cosas a la normalidad. A penas terminaron caminaron hacia donde estaban Rosa y Mercedes. Cuando notaron que Mercedes no estaba con Rosa preguntaron por su paradero a lo cual Rosa empezó a decir:

-Se fue al ba…-pero antes que terminara su frase se escuchó un grito proveniente de la segunda planta.

Todos a excepción de Antonieta, que se había quedado mirando la hora en el reloj de pie, corrieron en dirección de donde venía el grito que aparentaba ser de Mercedes. Subieron rápidamente las escaleras y encontraron temblando a Mercedes con la mano en la perilla de una de las puertas que daban a uno de los tantos baños del lugar. A penas la vieron parecía un fantasma, completamente pálida mirando hacia el interior de la pieza.

Acto 4: Segunda estratagema

Todos se quedaron asombrados ante semejante escena que hacía sentir que un mal augurio rodeaba la casa. A unos metros de ellos estaba Dionisia flotando en su propia sangre, o mejor dicho, pedazos de Dionisia flotaban en la tina. María y Manuel no podían creer lo que pasaba, si tan solo hace unos minutos Dionisia estaba hablando con todos ellos, inevitablemente lágrimas empezaron a caer de sus ojos.
Pero Dorothy se acercó precipitadamente a Mercedes que aun estaba en shock y la sacudió agarrándola de los brazos con fuerza y dijo con furia:

-¿Qué le hiciste a Dionisia? ¿Qué te hizo para merecer la muerte? Dime que fue…- 

Pero antes que pudiese continuar sus manos se quedaron sin fuerza y sus piernas también, tanto que terminó refalando sobre el cuerpo de Mercedes que miraba sin entender del todo bien. Cuando Dorothy llegó al piso ya estaba llorando y sus manos escondían su rostro. Mercedes se agachó a abrazarla sin entender bien las cosas pero María apartó su mano y le gritó con miedo:

-No la toques asesina

La mente de Mercedes quedó en blanco por un segundo al ver que Manuel, Federico y María la miraban con miedo y reproche. Ella sabía que dudaban de su inocencia, pero no podía probarla. Estaba por llorar, pero contuvo sus lágrimas cuando sintió la cálida mano amiga de Rosa, ella sabía que Rosa la apoyaba pero no podía permitir que ella se arriesgara a oponerse al resto.
Mercedes suspiró y se levantó dijo con decisión:

-Si tanto dudan de mi pueden arrestarme y encerrarme pero eso no eso no va a cambiar nada porque no soy culpable…

Mercedes esperaba que con eso pudiese aunque sea cambiar las aguas de desconfianza que empezaban a volverse cada vez más peligrosas. Dorothy la contempló por un instante, ella nunca había visto a su amiga así a pesar de que la conocía de toda una vida. Pero ello no la detuvo y dijo aun con más determinación que Mercedes a sus amigos:

-Atenla y enciérrenla con Mortimer

Mercedes simplemente bajó la cabeza y sonrió con satisfacción, sabía que todo le estaba jugando en contra, o mejor dicho, casi todo le jugaba en contra. Sabía que Rosa estaba a su favor y creía en ella, a su vez, no sabía que actitud tomaría Antonieta, la persona que creía aun más justa y calculadora que ella. Pero no era tiempo de estar pensando demasiado, los que antes eran sus amigos ahora eran sus enemigos y verdugos de su propia inocencia.
Suspiró y sin remedio caminó para la planta de a bajo siendo escoltada por Manuel y Federico adelante y atrás de ella, después de todo no querían que ella pudiese salir escapando entre las estrechas escaleras. Pero solo era escoltada porque ella no permitió que le tocaran un pelo antes de llegar al lugar donde sería aprisionada, para ella era cuestión de orgullo el hecho de ser atada y encerrada por algo que no había hecho. Pero no le quedaba otra que ser sometida, después de todo sabía que si ella se oponía iba a ser peor, no para ella pero si para Rosa, no podía permitir que Rosa se separa del grupo y corriera riesgos innecesarios.
Rápidamente ya adentro de la sala de estar la ataron en el medio de la habitación y al lado del féretro. Manuel y Federico tal vez sentían un poco de lástima por ella cuando ataron sus manos y pies mientras estaba sentada en una silla. Por si no fuera poco la amordazaron cuestión de que no pudiese gritar, era algo que Dorothy había pedido especialmente. Dorothy no creía en la inocencia de Mercedes y si era inocente que lo demostrara con su propia muerte.
Mercedes se sentía tonta por haber confiado en Dorothy alguna vez, pero en el fondo ella sabía que Dorothy era una buena persona. Miró al piso mientras la ataban pensando que había sido traicionada por la gente que apreciaba, por un momento derramó un par de lágrimas encima de su largo vestido que empezaba a arrugarse pero continuamente sus pensamientos se desviaron empezaron a decir "Los odio, los odio… Soy inocente… Ustedes nunca confiaron en mí, nunca fui su amiga… Los odio, los odio".
Sus sentimientos eran tan fuertes que el aspecto de su cara había cambiado a lo habitual, ella que siempre lloraba o reía ahora tenía una expresión seria con una mirada penetrante llena de odio. Por un momento levantó la cabeza para echarles una mirada asesina a Manuel y a Federico que se alejaron al sentir como si una fiera les atacara. Por un momento dudaron que Mercedes siguiera siendo Mercedes y sentían que habían despertado a una asesina serial.

Acto 5: Primera verdad

Mientras tanto, en el baño, Antonieta se dispuso a mirar la escena con lujo de detalle, después de todo no tenía pruebas para dudar de la inocencia de Mercedes y esperaba que algo le diera la clave para revelar la identidad del criminal. Aunque no era muy dada con las cosas que tenían que ver con sangre prefería buscar algo que le indicara algo que estar con los brazos cruzados acusando gente.
Caminó alrededor de la tina un par de veces, pero nada le indicaba algo, todo estaba muy "limpio". Aunque no creía que Mercedes lo hiciera, después de todo ¿Cuánto tiempo había pasado desde que Mercedes se fue al baño hasta que ellos llegaron? ¿10 o 15 minutos? No creía que Mercedes pudiera desmembrar a alguien tan rápido con su contextura y su clásica debilidad. Sabía que Mercedes era débil físicamente, así que no creía que fuera posible que sea ella.
En un principio pudo haber clavado el puñal en el cuerpo de Mortimer, pero ella sabía que Mercedes no lo haría, no porque fueran amigos sino porque ella en el fondo amaba a Mortimer con todo su corazón. Y aunque ella había sido rechazada aun lo amaba un poco, nunca haría nada que pudiese profanar el cuerpo de Mortimer o sus memorias juntos.
Antonieta recordaba claramente que Mercedes había tomado bien al principio la muerte de Mortimer, ni se inmutó cuando había visto el cuerpo en el hospital no había permitido que su fortaleza se derrumbara en frente de todos. A pesar que Mercedes era conocida por ser una persona fría y calculadora pero ella era tierna en el fondo, o al menos eso le había dicho Rosa que la conocía muy bien.
Cerró la puerta del baño con ella adentro y encontró algo que no esperaba encontrarse, atrás de la puerta había un puñal clavado y sin sangre. Aunque este puñal solo tenía una única función, dejar en la puerta una nota que decía "Lo usado una vez no puede ser usado dos veces". No entendía a que se refería, pero no le quedaba otra que pasarles ese "comunicado" a sus compañeros de celda.
Bajó las escaleras junto con Rosa que se había quedado esperándola fuera del baño para que no pasara nada y se dirigieron ambas a la cocina donde todos, menos Mercedes, estaban. Dorothy aun estaba temblando y llorando y María no lograba calmarla, aunque ella estaba en las mismas condiciones que Dorothy. Mientras que Manuel suspiró y dejó ver un rostro deprimido al borde del llanto, pero Federico no parecía inmutarse. 
A penas Rosa y Antonieta aparecieron en escena las cosas parecían estar peor, especialmente porque todos sabían que Rosa iba a defender a su prima costara lo que costara. Antonieta se sentó y le pidió a María que preparara un té a los presentes. María la miró con descontento pero hizo caso a Antonieta cuando percibió su mal humor, calentó rápidamente el agua y esparció encima de la mesa las tazas de porcelana.
Todos permanecieron en silencio hasta que María terminó de servir el té, Antonieta miró a los presentes y dijo mientras arrojaba un papel encima de la mesa:

-Encontré esto en el baño, estaba en la puerta clavado con un puñal…-dijo mientras agregaba un poco de azúcar a su té- No sé si ustedes reconocen la letra, pero esa no es la letra de Mercedes… No sé si ustedes me entienden lo que quiero decir…

Todos leyeron rápidamente la nota y la miraron con asombro ya que no sabían a que se refería el texto. Aunque más se asombraron ante las palabras de Antonieta que parecían defender a Mercedes. Rápidamente María exclamó:

-Eso no significa nada, bien lo pudo escribir otra persona…- dijo mientras seguía sirviendo té
-Pero eso no quita que Mercedes sea inocente- agregó Rosa- Es imposible que Mercedes haya matado tan rápido a alguien con lo débil que es físicamente…
-Capaz contrató a alguien para hacer ese trabajo sucio…- dijo entre dientes Dorothy- Seguramente lo tiene todo planeado… Todas nuestras muertes…

Rosa golpeó fuertemente la mesa ocasionando que se vertiera el líquido de su taza encima de la mesa. Y gritó:

-¿Cómo te atreves…?- levantó su mano para golpear Dorothy en la cara pero Manuel la detuvo- Déjame, te digo que me dejes…- Cuando logró zafarse de las manos de Manuel su mano voló en el aire para golpear a Dorothy.

Plaf!, se escuchó hasta en la sala de estar donde Mercedes estaba encerrada. Rosa miró por un segundo con miedo a la situación. Antonieta se había interpuesto en su golpe ocasionando que a final la persona que se había ganado el bofetón había sido Antonieta. Miró con indiferencia a Rosa y dijo acercándose a Rosa y le susurró al oído:

-Si quieres ayudar a Mercedes sería mejor que te quedes quiera sin decir nada ni actuar precipitadamente…- suspiró y continuó- Ella preferiría que tu no hagas nada en contra de ellos, tienes más posibilidades de continuar viva si permaneces con ellos que si te encierran como han hecho con ella.

Por un momento Rosa cayó que su prima estaba en peligro de muerte y era inminente, en cualquier momento el asesino se percataría que ella esta a su alcance para ser asesinada y moriría si no podía defenderse. Por un momento odió a Mortimer y su deseo de ser velado en esa casa y más por el hecho de las condiciones para conseguir su fortuna.
Sin tener más opciones se sentó tranquilamente en su silla con preocupación, no le quedaba otra que seguir ahí sin hacer nada, esperando que Mercedes pudiese estar bien a pesar que las probabilidades de jugaban en contra.
Manuel y Federico suspiraron y tomaron un poco de su té, con toda la discusión el té ya estaba lo suficientemente frío para tomar. Dorothy tomó un trago a continuación y luego Antonieta que seguía en su cuadro de seriedad absoluta. Pero cuando María tomó un poco de su té se empezó a sentir cansada y mareada a la vez.

Acto 6: Tercera estratagema

María vio todo oscuro de un segundo a otro, fue todo tan rápido, tanto que en un abrir y cerrar de ojos ya no tenía pulso. Cuando el resto se dio cuenta que María estaba muerta en el piso sentían todo tan irreal. No sabían como había pasado ¿Cómo era posible que estuviese muerta si Mercedes estaba encerrada? Entonces… ¿Mercedes era inocente?
Pero antes que alguien haga malas deducciones Antonieta tomó la taza e inspeccionó su contenido, o más bien su olor. Esa taza contenía veneno, su olor le parecía extrañamente familiar aunque no sabía decir cual. Pero la gran pregunta era ¿cómo había llegado hasta allí y como lo habían puesto sin que nadie se diera cuenta?, aunque esa era la pregunta principal en la cabeza de Antonieta, y no era de menos ya que sus pensamientos estaban empezados a ser sofocados por los furiosos gritos de Dorothy que sostenía con fuerza el cuerpo de María entre sus brazos.

-Fue Mercedes…-vociferó Dorothy- Seguramente ella hizo esto antes de que la encerráramos- terminó esa frase derramando unas lágrimas que caían directamente al cuerpo de María.
-Pudo ser cualquiera-dijo vivaz y rápidamente Antonieta- después de todo no creo que ninguno no tenga motivos para aprovecharse de la ocasión de echarle la culpa a Mercedes para cubrir su fachada…

Cómo si el diablo se hubiese apoderado de su cuerpo, Dorothy pegó un grito lleno de cólera en contra de las palabras de Antonieta. Dorothy se sentía traicionada por su cuasi hermana, una persona en la cual confiaba ciegamente.

-¿Estás insinuando que yo planee esta muerte?- dijo Dorothy enojada
-Ya dije que puso ser cualquiera eso te incluye- dijo Antonieta de forma indiferente

Dorothy salió furiosa de la habitación apartando el cuerpo de su amiga como si de una bolsa de papas se tratase. Antonieta fugazmente se dijo para si misma "Tú tienes más motivos que cualquiera para hacer que Mercedes parezca culpable, después de todo ya obtuviste de ella lo que querías ahora solo resta que te deshagas de ella sin testigos".
En la cocina, en lastra punta del lugar, en un rincón oscuro Rosa pensaba "Dorothy es alguien que lo ha querido todo y va a perderlo todo". Miró el reloj que estaba casi a su lado, eran las 2:20 de la madrugada y ya habían pasado cinco minutos desde la muerte de María. Suspiró con cansancio y se acercó al resto del grupo.
Dorothy se dirigió rápidamente a la sala de estar y abrió la puesta cuidadosamente, no quería que nadie descubriera que ella estaba en la habitación a solas con Mercedes, ya que estaba planeando su venganza. Cerró la puerta tras de sí y se acercó a ella con un aire desafiante y observándola con asco.
Por un momento, Mercedes levantó la cabeza al escuchar que alguien entraba, después de tanto tiempo sola, en el silencio, había logrado concentrarse lo suficiente como para lograr escuchar el más mínimo ruido.
Mercedes contempló por un segundo a Dorothy, sabía que hasta ahí había llegado su amistad de toda una vida. Por primera vez en la vida de ambas, Mercedes vio directamente a los ojos de Dorothy, extrañamente los ojos de Mercedes adquirieron un destello inusual, tal vez era la luz de la chimenea o simplemente el odio de Mercedes hacia Dorothy, en cualquiera de los casos una atmósfera llena de tensión y odio rodeo la escena.

Acto 7: Segunda verdad

En la cocina a situación era cada vez peor, Manuel ya no sabía en que creer, ni mucho menos que hacer. En menos de tres horas había perdido a una de sus amigas y a su queridísima prima, sin contar que aun no se recuperaba de la muerte de Mortimer y se sentía un poco confundido ante la culpabilidad de Mercedes. Pero no podía proteger su postura tan férreamente como lo hacía Rosa y Antonieta, realmente era débil de carácter y cuerpo.
Si él favorecía a Mercedes seguramente terminaría a su lado atado esperando que su verdugo venga a guillotinarlo y él haría lo imposible para vivir, por más que ello significara la pérdida de una de sus amigas.
Federico miró por un segundo a Manuel que parecía cada vez más nervioso, él sabía que, en el fondo, Manuel no quería esto, ni siquiera quería la fortuna. Aun se preguntaba porqué, Manuel, había ido aquel día a la casa a pesar que tenía que permanecer ahí toda la noche. Tal vez había ido a pedido de su prima que necesitaba el dinero a toda costa ya que quería evitar que un nuevo rumor sobre su persona saliera a la luz.
Federico Sabía muy bien cual era la posición de Manuel con respecto al grupo, a ellos no les quedaba más opción que seguir las normas de juego de algunas de las chicas del grupo. Usualmente Manuel seguía al pie de la letra la letra las reglas impuestas por Dionisia, Dorothy o María, mientras que él solo las de Dorothy. Pero entre las chicas había ciertos acuerdos extraños, aun más raros que entre ellos.
Casi siempre Mercedes obedecía a Dorothy o a Mortimer, mientras que Rosa seguía solo a Mercedes, aunque a Mercedes no le agradaba esta idea. María y Dionisia eran como las 'casi socias' de Dorothy y Antonieta. Mientras que a Mortimer no le quedaba otra que seguir al grupo, aunque varias veces chocó con los ideales del 'grupo'.
Antonieta ya estaba perdida en sus pensamientos. "Lo usado una vez no puede ser usado dos veces", sus pensamientos empezaron a divagar en los tipos de muerte, los lugares y las horas de las muertes. Motimer había "muerto" apuñalado en la sala de estar a las 12 am, Dionisia había sido descuartizada en el baño a las 1 am y María yacía en la cocina envenenada a las 2:15 am. Ella había tenido la suerte de ver las horas de unos segundos antes de que todo sucediera, gracias a eso tenía la información recién detallada.
Rosa era la única de todos los presentes que solo le rendía cuentas a Mercedes, por más que ella no le pidiese nada, eran casi como hermanas y a ella le encantaba dedicarle todo el tiempo posible a Mercedes para escuchar sus pesares. En el fondo ella era como una madre para Mercedes o una hermana mayor que siempre le cuidaba desde las sombras. Si había alguien que conocía a Mercedes como la palma de su mano esa era Rosa. Por eso le molestaba tanto que dijeran esas cosas de su amiga, simplemente sabía que ella era incapaz de levantarle la mano a alguien por más que sabía que Mercedes tenía una mente retorcida. 
Aunque en esta ocasión no tenía otra cosa para hacer mejor que quedarse sentada y no hablar, su vida dependía de ello y no solo eso, también su promesa con Mercedes. Una promesa que tenían casi desde siempre aquella firmada casi como un pacto de sangre, una que prometía que pasase lo que pasase con alguna de las dos la otra debía de vivir la vida que la otra no pudo vivir y sin remordimiento alguno.

Acto 8: Primera asesino

Aquella escena era de lo más macabra una jamás vista por algún ser humano pero capaz de ser desarrollada como si nada en aquella sombría habitación. Aquellos dos sentimientos de odio y traición envolvían a aquellas dos mujeres en el más profundo caos y desesperación. Sus miradas eran casi de dos bestias sedientas de sangre pidiendo a gritos la muerte de la persona que tenía en frente.
Cada tanto alguna de las miradas se clavaba en los ojos de la otra muchacha, pero inmediatamente se apartaban en búsqueda de puntos vitales del cuerpo humano. Por un momento la mente de Mercedes pensó "Asfixia, si solo tuviera mis manos sueltas te provocaría la más dolorosa y desesperante muerte jamás vista. Simplemente deseo tener ese placer casi orgásmico de poner mis finos dedos alrededor de tu delgado cuello y… ¡ZAST!... Acabar con tu insípida vida".
En el fondo Mercedes se retorcía de felicidad ante tal idea de esparcir sangre ajena por aquella habitación, ella ya había perdido el sentido común estado en aquella habitación esperando su muerte al lado del cadáver de su ser amado. Aunque ella nunca estuvo muy en sus cabales, simplemente el olor a muerte la había vuelto un animal sin raciocinio en búsqueda de venganza hacia los que alguna vez fueron suyos.
Ella estaba sentada y atada en aquella silla esperando su verdugo, su pelo se mecía lentamente y estaba casi tapando la totalidad de su rostro, apenas se podían ver algunos de sus rasgos faciales comos pus ojos o su nariz, aunque la penumbra del lugar apenas hacía visible un pequeño brillo casi diabólico en su mirada asesina.
Suspiró y sonrió con malicia y apartó su poco su pelo de encima de su rostro con un leve movimiento de cabeza, aunque antes había querido mover sus manos, pero ella había olvidado que estaba atada.
Tampoco podía decir una palabra ya que estaba amordazada y no le quedaba otra que escuchar las palabras de Dorothy sin queja alguna, por más que en ese momento hubiese querido atravesar su yugular con sus propias manos y arrancarle el corazón.
Dorothy se acercó a Mercedes mirándola con petulancia y desprecio viendo como su alma se pudría en la profunda desesperación de no poder matarle aun. Con una sonrisa en los labios dijo:

-Esto es lo que tu te mereces, siempre pretendiendo ser la buena del grupo pero no eres más que una vil ramera asesina de sangre fría-con una sonrisa más grande en los labios agarró con su mano derecha el rostro de Mercedes y forcejeando lo levantó haciendo ver su rostro detrás del pelo desarreglado- Así te quería ver yo, siento un animal y mostrando tu verdadera naturaleza y sin tu maldita máscara de ángel, después de todo no eres más que un miserable monstruo- Su rostro cambió nuevamente mostrando enojo y dijo- Maldita puta, asesinaste a María y a Dionisia, ¿qué te hicieron ellas para merecer esa muerte?... Tú maldita perra que solo te revuelcas con los tipos ricos por dinero vendiendo tu cuerpo al mejor postor, tú que no sabes ni siquiera que es la dignidad y el orgullo, mujer sin escrúpulos…

Sus afiladas uñas se apoyaron en la delicada piel de mercedes y, con lentitud, fueron penetrando la piel de aquella mujer maniatada produciendo una gran herida sangrante. Mercedes ni se inmutó simplemente clavó su mirada a los ojos de la que una vez fue su mejor amiga, su casi hermana, aquella persona que la había regalado a su verdugo. No le importó sentir como un líquido caliente de color carmesí rodaba por su mejilla ni mucho menos sentía el dolor de las uñas de Dorothy cuando clavaba cada vez más profundamente sus uñas en su delicada piel. Simplemente la miraba cada vez con una mirada más centellante de odio y rencor.
Con furia Dorothy tomó el pelo de Mercedes y tirando de él hasta hacer torcer la cabeza de aquella muchacha dijo:

-Así con que esos planes tenemos, así que no piensas doblegarte hasta el final… Entonces…

Pero antes de continuar con sus palabras Mercedes vio como aparecía una sombra negra por detrás de Dorothy. Ella simplemente ni se inmutó, ya estaba preparada para la muerte no le importaba que tan dolorosa fuese, estaba ahí esperando lo peor, inclusive la tortura, su cuerpo ya no sentía dolor físico alguno, la locura controlaba su cuerpo y su sed de venganza su corazón marchito.
Estaba por dar su último respiro mortal cuando Dorothy vio los ojos de mercedes y notó como aquella sombra negra y gigantesca estaba reflejada en los ojos de su ex amiga. Volvió lentamente para atrás y gritó con todas sus fuerzas pero ya era tarde, aquella sombra ya había sacado una amorfa mano y la sostenía con fuerza para que no escape. Mercedes se quedó mirándole por un segundo, ella ya sabía que le esperaba la muerte a Dorothy si sus amigos no venían rápido, pero en el fondo de sus pensamientos pensaba que aquella sombra escapara rápido con su presa y haga lo suyo antes que el resto llegara a la escena.

Acto 9: Primer deseo

Se escuchó un grito desgarrador que venía desde la habitación desde donde estaba encerrada Mercedes, las personas de la cocina salieron corriendo rápidamente en esa dirección sin meditar mucho las cosas. Antonieta abrió la puerta de par en par mientras los demás se asomaban a la abertura que había abierto.
Todos miraron la escena con horror y asombro, ahí estaba el asesino de todos sus amigos, ahí sumido en la oscuridad de la habitación con su presa entre sus delgados dedos blancos y su túnica negra que lo tapaba casi en tu totalidad, excepto sus manos y sus ojos rojo carmesí que brillaban gracias a la luz del fuego de la chimenea.
Aquel ser de aspecto raído y desnutrido tenía capturado entre sus garras a Dorothy que estaba desmayada y tenía un aspecto más pálido de lo normal. La escena era digna de cualquier escena de asesinos. Dorothy era sujetada por aquel ser de la cintura y tenía la mayoría de la cara tapada por un trapo color blanco.
Antes de que alguien pudiera decir algo aquella figura sostuvo, por encima de su hombro, a Dorothy y rompió la ventana huyendo de la escena con gran rapidez. Los chicos inmediatamente salieron detrás de él dejando a las chicas detrás de ellos.
Antonieta se acercó a Mercedes para desatarla ya que estaba temblando casi convulsivamente. Se apresuró a soltarla como pudo ya que ella estaba aun sentada, ahí, quieta mirando hacia el piso y con la espalda encordaba mientras que su pelo caí alrededor de su rostro y no permitía ver su rostro.
Cuando Antonieta al fin le sacó la mordaza Mercedes tiró su cabeza para atrás mientras sus brazos caían al lado de su cuerpo y seguía temblando dando, así, una imagen sumamente macabra. Ella voltio su cabeza hacia Antonieta que estaba a su lado e inmediatamente una sonrisa macabra apareció en su rostro hasta que empezó a reír ruidosamente.
Rosa la miró con miedo temía que su prima se haya vuelto loca ante lo que acababa de vivir. Se estaba por acercar a ella lentamente para tocar su hombro, pero antes que lo hiciera, Mercedes, volvió a bajar la cabeza de un envión ocasionando que nuevamente su pelo tapara su rostro mientras seguía temblando y mormuraba cosas ilegibles. 
Mercedes repentinamente se incorporó y se levantó de la silla y empezó a caminar para el lado de la ventana dando tumbos de vez en cuando contra algún mueble del lugar. Por un momento miró al cielo nublado y nocturno y pensó mientras era mojada por la lluvia 'Dulce libertad y justa inocencia'. Bajó la cabeza y su pelo mojado rodó por su rostro cubriéndolo nuevamente en las tinieblas de sus ideas, Rosa estaba por acercarse a ella a ver si estaba bien, pero inmediatamente levantó su cabeza y dejó ver una brillante sonrisa fuerte y desafiante junto con una mirada decidida.
Sin mucho pensar pasó a través de lo que antes era la ventana y fue corriendo hacia el jardín posterior mientras sus amigas alarmadas salían por la puerta persiguiéndola. Corrió un largo trecho hasta llegar nuevamente a ver aquella hoz portada por la muerte y como aquel cuerpo colgaba ahí en aquel árbol.

Acto 10: Tercera verdad

Mercedes se arrodilló en el sucio fango del lugar mientras que Federico y Manuel estaban mirando estupefactos la escena. 'Otra muerte más, otro cajón más para rellenar, otro funeral para pagar' pensó Mercedes mientras sus lágrimas brotaban por su rostro y reía mientras le hacía gracia esta burda muerte de Dorothy.
Aquel cuerpo colgaba y se hamacaba de una forma tan espeluznante en las ramas de aquel árbol seco. Cuanto Rosa y Antonieta llegaron ya suponían ese trágico final, ninguno había escapado aun de aquel asesino de sangre fría que había vencido la confianza que había entre los personajes incluso más unidos.
Mercedes se levantó del barro y caminó hacia la casa tranquilamente con una sonrisa que desdibujaba su bello rostro que siempre mostraba su fragilidad. Sus pasos eran lentos ya que su ropa cada vez se hacía más pesada por el lado y el agua de lluvia, miró a su alrededor mientras sus amigos seguían mirando apenados aquella muñeca colgante. Suspiró y con seriedad dijo:

-Les aconsejo dejar a los muertos descansar en este momento en sus tumbas ya que no hay nada que podamos hacer, solo resta esperar hasta las 7 am para que alguien nos venga a buscar, hasta entonces tendremos que sobrevivir o ser asesinados…- por un momento sus palabras se detuvieron en seco para que Mercedes pudiera tragar saliva y decir con decisión y fortaleza- No es mi ideal morir aquí y hoy así que si ustedes no quieres morir en este lugar tan escabroso les aconsejo entrar a la casa antes de que les agarre un resfrío… -se dio media vuelta y tapó su boca levemente con los dedos de su mano derecha, pero aun así se veía a través de ellos una sonrisa sádica- Después de todo no se puede hacer nada por los muertos…

Los jóvenes se miraron entre sí y no les quedó otra opción que seguir los pasos de Mercedes hacia adentro de la casa, después de todo era mejor estar todos juntos que dividirse, a su ver Federico y Manuel creían que era mejor estar cerca de Mercedes y mantenerla vigilada y ver cada una de sus acciones.
El juego había empezado a las 12 y el hechizo de la carroza cada vez tomaba rumbos más sanguinarios, todos seguían ahí en aquel tablero de ajedrez y solo los mas hábiles lograrían salir con vida y ganar la fortuna de Mortimer y ganar aquella libertad empañada de sangre.
Mientras tanto, en otra habitación en el interior de la casona, allí estaba aquella sombra oculta adentro del viejo reloj que ya daba las 3:45 am.

Acto 11: Segundo asesino

Todos caminaban pesadamente por los caminos de piedra del jardín mientras salían de aquella tormenta que se desataba afuera de la casa. Todos entraron empapados hasta los huesos y llenos de barro, aunque la única que manchaba todo con barro era mercedes que incluso su fino vestido derramaba barro por la alfombra roja del vestíbulo.
Entre los jóvenes se miraron, estaban tiritando de frío, Mercedes inmediatamente caminó hacia el recinto mortuorio de Mortimer y tapó con la cortina el vidrio roto del ventanal y apoyó sobre la cortina unas sillas así la cortina no salía volando. Después de eso se fue a la cocina a preparar té, limpiando en profundidad cada una de las tazas por si las dudas, ya no quería más bajas, al menos no por ahora.
Sus manos delicadas inmediatamente se lastimaron, ella no estaba acostumbrada a limpiar aquellos objetos, pero esa vez no tenía más opción que esa así que hizo lo que le correspondía. Sus amigos y no tan amigos la estaban esperando en la sala donde estaba Mortimer, Federico estaba ahí intentando de prender nuevamente la chimenea como podía. Después de todo, su única fuente de calor se había apagado después de que las chicas se fueron corriendo al jardín posterior.
Después de mucho esfuerzo logró prender la chimenea, aunque su ropa estaba toda llena de hollín y su camisa blanca ya era negra. Por un momento todos se miraron la cara entre ellos, ya estaban seguros que ninguno de ellos era el asesino y ya no había porque dudar, pero aun así Federico y Manuel no creían en aquella aparición fantasmagórica de aquel ser encapuchado. Por una extraña razón aun desconfiaban de Mercedes, pensaba que ella había hecho alguna treta para engañarles y pasar como inocente.
La boca de Manuel se abrió para decir algo, pero inmediatamente Mercedes abrió la puerta y una bandeja con té caliente. Ella estaba allí en frente de todos con una amplia sonrisa, le ofreció a cada uno un té, mejor dicho, cada uno tomó un té al azar. Rosa le sonrió a su prima mientras esta le daba el ante último té de la bandeja.
En el fondo, Manuel y Federico no se animaban a tomar el té ¿Qué tal si tenía veneno aquellas taza nuevamente?, no se animaron a tomar hasta que Antonieta, Rora y Mercedes había tomado de sus tazas. Ellas sonreían y charlaban amenamente, como si nunca hubiesen pasado aquellas muertes.
Las chicas se acercaron a la fogata y tomaban té pacíficamente, para aquellos dos muchachos era tan irreal todo que creían que aquellos asesinaos eran solo una fantasía solo por ver una escena tan tranquila se desarrollaba delante de sus ojos.
La escena era tan linda y cálida que los jóvenes se unieron a la charla, era todo tan pacífico. Todos reían mientras hablaban de cosas que habían sucedido hacía mucho tiempo hasta que Rosa quiso ir al baño y pidió que la acompañaran. Todos se miraron entre sí, todos tenían miedo de salir de ahí, de aquella burda escena cálida.
Rosa los miró a todos hasta que Antonieta dijo lentamente:

-Si vas al baño sería preferible que vayas al de arriba de todo, después de todo, como dijo el asesino 'Lo usado una vez no podrá ser usado dos veces' y con eso se refería también a los lugares de asesinato, no solo a los métodos- todos la miraron estupefactos, ellos se habían olvidado completamente del asunto de aquellas notas- aunque si vas va a ser mejor que vayamos todos ya que hay lugares donde aun es inseguro estar, como en el pasillo de aquel baño, aunque dudo que pueda subir por el techo así que aquel baño es completamente seguro excepto por el trayecto hasta este… Supongo que entre más seamos mejor…

Mercedes sonrió ampliamente al escuchar a su amiga y sus típicas deducciones sacadas de alguna novela policiaca, suspiró y asintió con la cabeza a Rosa.

-Sabes bien que te voy a acompañar- dijo mientras se levantaba del sofá donde
estaba sentada.- Sin importar que te tenga que acompañar hasta la muerte…

Inmediatamente miró al resto, Antonieta se levantó sin mucho meditarlo, aunque Federico y Manuel tardaron un poco más para incorporarse. Subieron de a uno, con una diferencia de 3 escalones, la escalera. Por un segundo temieron que algo les pasara algo, pero nada, el lugar solo era invadido por el silencio y el repiqueteo de las gotas contra los ventanales del lugar, cada tanto se escuchaban sus pasos pero no pasaba de eso.
Aunque el orden era un poco raro lo varones decidieron ir los dos adelante, el primero Manuel y luego Federico, en cuanto a las chicas Rosa iba en el medio, Antonieta detrás de ella y luego, por último, Mercedes.
Cuando Rosa salió del baño se dirigieron nuevamente hacia la habitación donde estaban antes, nuevamente hicieron lo mismo de caminar en fila, pero esta vez algo falló estrepitosamente y acabó con la vida de otro soldado. Todos se miraron horrorizados mientras veían como Manuel caía 'mágicamente' de la escalera.
Federico corrió por estas para ayudarle, pero ya era tarde, un golpe en la cabeza había acabado con su vida mucho antes de lo esperado. Inmediatamente la alfombra roja se tiñó del líquido carmesí que emanaba de la cabeza de Manuel mientras que Federico tapaba su rostro lleno de sufrimiento con la susodicha alfombra.
Antonieta inspeccionó la escalera por un segundo y ante su vista apareció un fino hilo resistente y transparente que se había roto luego de que Manuel se había caído de las escaleras. Todos se miraron entre ellos, otra vez aquella persona había hecho de las suyas.
Bajaron lentamente la escalera mientras miraban por todas partes donde podría haber otra trampa, pero lo que nadie vio fue aquella sonrisa brillante del asesino que se ocultaba entre los personajes de la escena.

Acto 12: Hora final

Ya eran las 6 am y ya había pasado media hora de la última muerte, ya todo estaba por llegar a su fin, solo faltaba una hora para el final de la obra, el final de aquella pesadilla de algún loco maniático. Todos estaban esperando ansiosos el final de aquel pesado día junto con el amanecer con vida.
Federico estaba por hablar, pero el reloj de la nada sonó y dio 7 campanadas, ya eran las 7 am, ya todo había llegado a su fin. Todos respiraron aliviados cuando escucharon el ruido de la verja de metal pesado abrirse y rechinando. Salieron todo rápidamente de al lado de la fogata y se tiraron directamente afuera de la casa.
El escribano apenas los vio y escuchó lo que había pasado los miro horrorizados mientras llamaba inmediatamente a la jefatura de policía y se llevaban los cuerpos, todos había recibido un parte de la herencia después de tanta lucha.
Las jóvenes doncellas se subieron rápidamente a una carroza luego de firmar la sucesión, mientras que Federico se subió a otro. Antes de irse Mercedes miró el viejo reloj de pie que aun seguí andando y señalaba las 7:25 am.
Salió de la casona luego de aquel encierro y tanta sangre veía el mundo de otro color, todo tan calmo y tan hermoso. Subió al coche y se escuchó rápidamente el ruido de los casquillos, las chicas se sonrieron entre ellas de forma tranquila y alegre. Estuvieron sonriendo y riendo por un largo rato mientras el ruido del reloj de pie de la casona en sus mentes.

-3…- dijo la primera asesina
-…2…-dijo la segunda asesina
-….1…- dijo la tercera asesina
-…0….-dijeron todas al unísono

Inmediatamente de detrás de ellas se escuchó una gran explosión del coche de Federico, ahí estaba su cadáver quemándose en las llamas del infierno y la desconfianza mientras que en aquella casa nuevamente el viejo reloj de pie se volvía a detener a las 7:30 horas…



0 comentarios:

Publicar un comentario